El pecado no marcado
La iglesia estaba en silencio, quizás demasiado en silencio. El aire parecía como si no se hubiera renovado desde la última vez. Me dirigí al confesionario escuchando el triste y ridículo ruido que hacían mis zapatos con suela de goma y viendo que estaba cerrada la parte del cura, entré y me senté donde me correspondía. La voz llegó al momento.
- ¿Vienes a confesarte hijo?
- ¿Padre Julian? ¿Es USTED?
- No querido hijo, el padre Julian tuvo problemas con un feligrés y ya no está con nosotros.
- ¿Pero se encuentra bien? - Le dije, pues padre Julian había acompañado mis tormentos durante muchos años.
- No puede estar en un lugar mejor, te lo aseguro. ¿Que deseabas?
- Vengo a confesarme, padre, pues he pecado.
- Cual ha sido tu pecado hijo mio.
- Mi pecado ha sido y es la generosidad - dije en tono mortecino.
- JAJAJA - y su carcajada resonó en la iglesia.- Hijo… la generosidad es un don que hoy pocos tienen, no se por que te habría de resultar un pecado.
- ¿No lo comprende padre?
- Pues la verdad es que no, incluso deberías estar más cerca de Dios, das sin esperar recibir a cambio, fortaleces lazos, relaciones, ayudas al que no puede…
- No son tan claras las cosas padre… Con mi generosidad, hago pecar a los demás
- A ver… cuenteme.
- Pues verá, hago que la gente no consiga cosas por su propio y único mérito, por que siempre deseo echarles una mano y les ayudo. Luego ellos no valoran mi ayuda y muchas veces ni me lo agradecen, por lo que los hago pecar, además, se acostumbran a esa ayuda y luego la exigen con soberbia. No hago más que desviarlos a ellos de un buen camino.
- Pero hijo, son ellos los que tendrían que venir a la casa del señor, no tu. Tu haces bien tu trabajo en la vida.
- Es que ellos nunca vendrán, opr lo que ha de redimirme por mi pecado.
- Hijo, por ahora, ve a tu casa y piensalo, te doy como mínimo una semana y luego, cuando lo desees, ven a visitar de nuevo la casa del padre y hablaremos.
- Deacuerdo padre, volveré.


