Confundiendo los sentidos
La piedra continuo parada, realizando el cometido de cada día. El sol era demasiado abrasador hoy y la piedra empezó a sudar. Junto a ella se posó un pájarillo sediento que vió en el sudor de la piedra la única solución a su tormento. La piedra no lo oyó llegar, pero al sentirlo cerca, abrió sus ojos y se dispuso a hablar:
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