Todo comenzó…
Todo comenzó en un pasillo ancho y siniestro. No recordaba como había llegado hasta allí. La imagen era como un juego de principios de los ochenta, en tonos grises, escaso de imaginación.
Al fondo del pasillo, una puerta, con un pomo redondo. Detrás mía roca, a mi derecha, una fría pared excarvada en la roca, y a la izquierda, un acantilado al que no se le veía fondo.
El tiempo pasaba, no podría decir si lento o rápido. La desesperación era algo que aún no había llegado, no sabía como explicarlo, era todo… cotidiano.
Al cabo de un tiempo me senté en el filo del acantilado y miré al horizonte, intentando encontrar una explicación… se me heló el alma, a pocos metros de mi, parecía vislumbrarse una imagen terrorífica en mi situacion. Un escenario igual que el que yo me encontraba.
Me cansé, me levanté y fui hasta la puerta, la abrí. Un brillo resplandeciente salía de la puerta, era un blanco puro… cerré la puerta con fuerza, no planteaba mucho mejor que lo que había dentro, así que esperé.
Y pasó el tiempo. El hambre vino y se fué. Volvió a venir y volvió a irse, y ya nunca volvió.
Calculé mis posibilidades de llegar al otro extremo, había otra puerta, quizás fuese la puerta de entrada y simplemente no recuerdo como llegué hasta aquí, pero no, de un salto seguro que no llegué.
Y el tiempo pasó. El sentimiento por los seres queridos fue perdiendose, hubo al principio algo de añoranza, pero también se perdió.
Al final de un tiempo indefinido, no había nada, no tenía hambre, no tenia sentimientos yo tenía vida… y perdió la fe que tenía en que alguien llegara a rescatarle así que volvió a la puerta, la abrió respetuosa y atemorizado y cruzó el umbral de luz.
Todo comenzó en un pasillo ancho y siniestro. No recordaba como había llegado hasta allí…


